viernes, 28 de enero de 2011

La noche del incendio


aparte del incendio algo nos mantenía allí
tal vez era el silencio entonces roto por las mil
sirenas, antirrobos, alarmas, que al sonar
formaban el acorde que define a esta ciudad
era como un festival inesperado en la noche estival
el papel incandescente caía como lluvia sideral
una carta ardiendo aún me cayó muy cerca entonces tú
tú, precisamente tú
la apagaste de repente
me dijiste algo insolente
y volviste a desaparecer
me condenan por asalto, me condenan por robar
la condena es un anhelo que no puedo precisar
me atrapa, me consume, me nubla la razón
a mí, que saqué notable en arte y manipulación
esa noche el resplandor borró la luz del día y su terror
los muchachos se embravaban, las chicas parecían estar en flor
oí la música sonar y acepté la única invitación
tú, precisamente tú
con tus modos indolentes
me escribiste tu nombre en la frente
y volviste a desaparecer
los rascacielos arden, todo debería arder
te gusta echar de menos pero no sabes querer
te empeñas en atarme y luego echas a correr
si el monstruo te da miedo ¿por qué le das de comer?
el diablo se lamenta y dice ¿pero cuál es mi función?
¡el de arriba es ya tan torpe que no hay manera de hacerlo peor!
mientras pincha un lexatín con la punta de su tenedor
tú, precisamente tú
en tu caos, tan diligente
la maldad suele ser inconsciente
y vestirse de fatalidad
tú, precisamente tú
con tu amor intermitente
del pasado saltas al presente
y de nuevo, a desaparecer


christina rosenvinge: voz, piano
charlie bautista: guitarra española
jeremy wilms: bajo
steve shelley: batería

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